lunes, 27 de julio de 2009

Segundo Encuentro

Me levanté con mucho ánimo. Si bien ayer había sido diferente, me gustó. No sé que tenía Denver que me hacía adorar todo, era raro, pero genial.

En el desayuno, nos preguntaron sobre la fiesta, ya saben, típicas preguntas de padres, ya que ambos tíos se comportaban como padres para mí.

Luego, salimos muy animados de casa, y nos dirigimos a la escuela.

– Así que, Chad Becker, ¿eh? – dijo Cody mientras manejaba.

– Y yo que te creí ese cuento que querías estar lejos de él… qué poco intuitiva soy. –

Se quejó Aly.

– ¿De qué hablan? – dije yo, haciéndome la inocente.

– No te hagas la que no sabes nada jovencita, te vimos. – dijo Cody. Empezaba a tomar ese tono de padre protector de nuevo.

– Sólo bailé con él. ¿No me dejes sin mesada, ok? – bromeé. Aly rió, pero él solo sonrío un poco, y se puso serio nuevamente.

– Ve con cuidado, ése chico es un conquistador de primera. Y no quiero llevarme mal con él por tu culpa, ¿entendido? –

– Eso suena como una orden. – alegué.

– Solo hazme caso. –

– Como quieras. Entre él y yo no pasará nada. –

Habían probabilidades, pero muy pocas. Lo que sí sabía es que, por lo pronto no pasaría nada… demasiado importante.

En la escuela todos hablaban de la fiesta, bueno, los que habían asistido, claro. Y dijeron que Chad debía de hacer fiestas más seguido, todos estaban encantados.

– Por lo menos te fijaste en un chico popular, eso está bien. – me decía Aly, estábamos en el baño de chicas, en el primer receso.

– Ya deja de decir eso, si te escuchan creerán que soy una cualquiera que anda con chicos al primer día que los conoce. –

– No. Con Chad siempre es igual, así que no te preocupes, será normal. – dijo, y salió del baño. Yo la seguí algo confundida, ¿qué significaba eso?, ¿Qué Chad era como Cody?, ¿Era un “cazador” de chicas nuevas o algo así?...

A la hora de almuerzo, cogimos nuestras bandejas y nos sentamos en una mesa, con la misma gente que el día anterior, excepto que ahora faltaba Chad.

Comí bastante poco, no sé por qué… pero me sentía algo mareada. Creo que es por que desayuné hoy. Me retiré antes que todos de la mesa, por mi mal estar. Aly entendió, y también me preguntó si necesitaba compañía, pero le dije que no, que estaría bien un par de minutos sola, tomando un poco aire fresco. La cafetería estaba repleta hoy, y eso sólo empeoraba mi estado.

Caminé un poco, y vi el mismo letrero del día anterior. Me quedé inmóvil, pensando en si entrar o no a la biblioteca. Cuando por fin me decidí por entrar, escuché que alguien gritaba mi nombre. Me giré y vi a Chad, agitando el brazo y acercándose.

– Hola Meg – me saludó con un beso en la mejilla.

– ¿Qué tal famoso anfitrión? – le dije y él rió.

– Bastante bien, ¿y tú? –

– También. Menos ocupada que tú supongo. –

– ¿Ocupado? – Me miró sin entender – ¿De qué hablas? –

– No te he visto en toda la mañana. – le dije yo levantando mis hombros. – Ni en el almuerzo. –

– Ah, sí… tenía una reunión con el equipo de fútbol, nos avisaron sobre la nueva temporada. No pude ir a almorzar. ¿Me extrañaste? – preguntó con una ceja enarcada.

Yo sólo reí y él también, aunque seguramente esperaba que le respondiera. Pero no lo hice.

– ¿No tienes hambre?, Todavía queda tiempo – dije y miré mi reloj. Así era, quedaban 20 minutos más.

– No. De todos modos no tenía apetito. – dejó a la vista su gran sonrisa.

– Después no tendrás energía para jugar tus partidos si no te alimentas bien. – le reprendí.

– Dices eso porque no me has visto jugar… Siempre doy un excelente rendimiento. –

– No conocía tu lado egocéntrico. – reí. Claro, como un chico más de esta escuela, algo debía tener… era demasiado normal para ser real.

– No soy egocéntrico. Solo confío en mi talento. ¿Es eso malo? –

– Supongo que no. Si eso te hace ganar los juegos… bien por ti. –

Y así, seguimos hablando con Chad, caminando por los pasillos, cuando doblamos hacia otra dirección, y choqué con alguien.

– Oh, lo siento. – dije yo, mientras me agachaba para ayudarle a recoger los libros que botó por mi culpa. Ni si quiera vi contra quien había chocado. Pero si vi otro par de mano que se nos sumaba, era Chad ayudando.

– Deberías ver mejor por dónde caminas niña. – dijo una voz ronca, levanté mi cara y lo ví. El chico misterioso. No sé como no lo vi antes, qué torpe. ¿Cómo pude tropezar con él?

Tampoco sé porqué no me molesté con su frialdad, y en vez de decirle alguna pesadez, le sonreí tímida. Desde la primera vez que lo vi, pensé que sería así, frío, duro, misterioso. Así que, supongo que no me sorprendí mucho.

– Hey, sé más caballero. Tú tampoco viste por donde ibas. – Dijo algo molesto Chad. El chico sólo lo miró y frunció el ceño, como diciendo “¿Y tú que te metes?”, pero no articuló palabra alguna, levantó sus libros con rudeza y se fue caminando apresurado.

– Ése chico es muy raro. – dijo Chad. No supe cómo estaba pero imaginé que tendría una expresión algo enojada, no podía mirarlo, el chico misterioso ocupaba mi mente ahora. Él, y su silueta alejándose cada vez más. – Meg, ¿qué te sucede? –

– ¿Ah? – le pregunté nuevamente a Chad, ahora giré para mirarlo.

– Estabas como en trance… – me dijo él, y luego sus labios se curvaron en una sonrisa.

– Ah, lo siento… me suele pasar. – me disculpé, y le sonreí.

Seguimos caminando como si nada, hablando sobre nosotros… es decir, cada uno hablaba de sí mismo, no del sentido romántico de la palabra, porque obviamente no hay un “nosotros”. Me contó que hacía música.

Y yo, le conté que tipo de música escucho, algunas pocas cosas del pasado, todos los lugares en los que he estado.

– ¿Y sobre chicos? – preguntó de improviso, bueno, más o menos… de todas formas, era algo que veía venir.

– Ha habido un par… pero no son importantes. Ya sabes, de esas relaciones algo pasajeras… – le dije sin darle mayor importancia.

– ¿Cómo relaciones algo pasajeras? – preguntó con interés.

– Bueno, como me llevaban de un lado a otro, no duraba mucho estando de novia… pero tampoco me afectó tanto, es decir, nunca he amado realmente, así que supongo que no los extrañaba lo suficiente… ¿entiendes? –

– Sí. Vaya, que mal… parece como si no hubieras estado lo suficiente con esos chicos como para enamorarte, ¿tan poco estabas en el mismo lugar? –

– No tanto, es decir… el tiempo varía. Las veces que conocí a chicos algo importantes… no era el primer día de clases, era… más o menos el segundo mes en la escuela, ¿entiendes?, no me gusta ir rápido… soy una chica difícil… – el rió – y, cuando ya estaba de novia, durábamos un par de meses más, a lo máximo cuatro… lo cuál no es lo suficiente para que me enamorase.

– Oh, claro. –

– ¿Y tú? –

– No creo que quieras saber mi historial amoroso… – rió, pero noté algo nostalgia en su tono.

– ¿Por qué?, Si quiero saber. –

– Te reirás. – dijo él.

– No lo haré, ¿qué clase de persona crees que soy? – fruncí mi entrecejo. Él solo sonrió, y tomó una gran bocanada de aire.

– Pues… dicen que soy muy enamoradizo, quizás ese es el problema. Las chicas se aburren rápido de mí. Y siempre termino con el corazón destrozado. – dijo mirando hacia el suelo.

– ¿Y de eso me tenía que reír? – lo miré enfadada. – No soy una persona sin sentimientos, Chad. –

– ¿No lo encuentras cursi? –

– Algo. – contesté sinceramente. – Pero eso no significa que sea malo. –

– Yo creo que sí lo es… siento que le doy mucha importancia a las cosas que no debería. Y voy muy rápido. –

– Pues… cambia. –

– Es muy fácil decirlo. Pero hacerlo, no. –

– ¿Tienes una mejor solución? – me detuve y quedamos frente a frente. Mirándonos fijamente a los ojos.

– Por supuesto que la tengo. – dijo muy serio.

– ¿Y cuál es? – Enarqué una ceja. Y él se acercó un poco más a mí.

– Encontrar a la chica adecuada. – siguió serio y mirándome fijo a los ojos. Me sentí algo incomoda, así que me giré y seguí caminando.

– Suerte con eso. – le dije, mientras me alejaba.

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