viernes, 24 de julio de 2009

Primas

Siguieron bromeando en el camino. Pero yo seguía considerando la posibilidad de fingir algún malestar, o contar con el apoyo de tía Jesse, y así no ir.

No es que no quiera conocer gente, pero realmente no soy una chica de fiestas y esas cosas. Y no quiero cambiar por estar acá, siento que así lo estoy haciendo… y creo que todos creen que soy como mi prima, pero no lo soy. Y eso lo tengo que demostrar. ¿Cómo?, ni idea, pero lo haré.

Llegamos a casa y luego de saludar a Tía Jesse y Tío Joseph, Aly me dijo que quería mi ayuda, así que la acompañe a su cuarto.

– No veo en qué te pueda ayudar Aly. – reclamé yo.

– Vamos Meg, necesito opiniones. –

– Pero, ¿con ropa?, no soy buena en eso. Lo siento prima. –

– Bueno, quédate un rato y opinas de todas formas, ¿ok? – rogó ella. Le hice caso sólo por ser educada.

Se probó un montón de prendas, y muchos conjuntos coloridos. La verdad, no vi una sola prenda color negro. Lo más oscuro era café o morado. Aly es tan diferente a mí, en muchos sentidos.

Finalmente, encontró una tenida que parecía aprobar, unos pantalones ajustados y una polera con finos tirantes y varios colores. Le quedaba hermosa, como todo. Mi prima era muy bella, y en verdad todo le sentaba bien.

– Bien, estoy lista, es tú turno. – dijo de pronto. ¿Yo?, ¿Pretende que me pruebe su ropa?, ¿Todo eso colorido y ajustado?, Era tan… no yo.

– Aly yo tengo mi propia ropa, gracias. Y no sé todavía si iré. – le dije con pocas ganas, me incorporé y me dirigía hacia la puerta, pero ella tomó mi brazo y me detuvo antes de salir de su habitación.

– Meghan Corner, por favor, no seas aburrida. Tienes que ir, por favor. – No me gustaba como sonaba cuando decía mi nombre completo, ni menos cuando me miraba con esa cara.

– Aly… – hice una mueca, pero ella sólo levantó sus cejas e hizo un puchero. – Eso no funciona conmigo. – le advertí.

– ¡Vamos! – me soltó del brazo y cruzó los suyos. – No puede ser tan malo ir a una fiesta, ni probarte unas cuantas prendas, Meg, eres muy cuadrada, ¿lo sabías? –

– Deberías tener un poco de consideración Alyson, lo siento pero no soy como tú. Ni lo seré. Y sabes perfectamente, o deberías saberlo, que para todo lo que he vivido no soy nada cuadrada. Con permiso. – le dije algo enfadada y salí de su habitación.

Realmente nadie sabía la cruda verdad, sólo yo. Pero los hechos toda la familia lo sabía. La pobre niña que perdió a sus padres e iba de casa en casa. Aunque si puedo decir algo a mi favor, yo no hacía nada para irme de un lugar a otro, simplemente… supongo que se cansaban de mí.

Entré a mi cuarto y cerré la puerta con llave. Saqué mi Ipod del cajón de mi velador, y me puse los audífonos. La música sonaba a todo volumen en mis oídos. Me tumbé boca abajo en la cama y me traté de relajar.

Era genial estar en Denver, pensé que estaba saliendo todo bien para ser recién el comienzo. Recuerdo otros primeros días en la escuela. Más de uno fue horrible, y es casi siempre estuve sola, los tíos con los cuáles viví, no tenían hijos jóvenes, o tenían unos muy pequeños, como tía Sophie, que tenía una hija de 6 años, Maggie. O tío Stephen, quién tenía bastante edad, tenía una hija de 24 años, Samantha. Y así… nunca tuve a alguien que me acompañara en la escuela.

Y acá están Aly y Cody. Que si bien, no son mis mejores amigos, ni los conozco lo suficiente para que lo sean, por ahora está bien. Supongo…

Eso creía antes de que Aly se comportara tan frontal. ¿Qué se cree?, ¿Que soy una muñequita que ella podrá vestir y enseñarle moda y hacerla como ella?, no, lo siento, no estoy para eso.

– ¡Meg! – oí a Aly gritar fuera de la puerta. Los audífonos no estaban cumpliendo su trabajo, podía escucharla perfectamente. – Meg, por favor discúlpame, no fue mi intensión, fui muy desconsiderada. – ¿acaso se disculpó?, bueno, supongo que no puedo esperar menos. Ni más. – Meg, hablemos… por favor, ábreme. – como no tuvo respuesta, comenzó a golpear la puerta insistentemente y a gritar mi nombre.

Me paré resignada, sabiendo que no me dejaría en paz, y luego llamaría a uno de sus padres para que la ayudara. Lo cual yo no quería.

– Disculpada – dije abriendo la puerta unos centímetros para poder mirarla. Iba a cerrar la puerta nuevamente pero ella la detuvo.

– Espera, ¿puedo pasar?, hablemos Meg, ¿si? –

– Ok. – abrí la puerta completamente y me fui a sentar sobre mi cama. Aly entró y me imitó, tomando lugar junto a mí.

– Escucha Meg, en serio lo siento. No debí decirte eso, soy una desubicada. De verdad, perdón. Y… está bien, si no quieres ir a la fiesta está bien. No vayas, no es la idea que acá te vengamos a poner condiciones ni exigencias, sólo… haz lo que quieras. – No sé bien por qué, pero me pareció una disculpa sincera.

– Bueno. Estás disculpada, ya lo dije – le sonreí, aunque no de muy buena gana.

– Sé que somos muy diferentes prima, pero no por eso no podríamos ser amigas, ¿no? – me dijo ella de pronto, y me sorprendió aquello. No pensé que en realidad quisiera ser mi amiga.

– ¿Ser tu amiga sería dejar que me vistieras así como tú y que me maquillaras? – puse cara de horror, y Aly rió.

– Claro que no tonta. Significa que podamos hablar de todo, que confiaras en mí y tú en ti, que saliéramos juntas, no lo sé… compartir… bueno, lo que quieras. – Rió – ya encontraremos algo que tengamos en común. – dijo con una dulce sonrisa.

– Si, tienes razón. Y… yo también estoy de acuerdo, pero es que… somos tan diferentes Aly. – enfaticé la palabra “tan”. Nos parecemos físicamente, pero de personalidad, gustos y costumbres, no mucho.

– Bueno, la diversidad es buena. Y somos familia. La familia te acepta y se quiere tal como eres. – Reí ante esa cursi frase, pero cierta. Luego abrí mis brazos y Aly esbozó una gran sonrisa y nos dimos un fuerte abrazo.

Creo que recién ahora estaba conociendo a la real Aly. La parte inteligente y sensible que llevaba dentro. Como dicen, las apariencias engañan.

Quizás después de todas las diferencias, sí podremos ser buenas amigas. O como mínimo, buenas primas.

– Bien. ¿Me ayudas a escoger un atuendo para la noche? – le dije a Aly. Quien saltó y corrió a su habitación.

– Creo que no me expliqué bien Aly, me refería a mi ropa. – le grité. Escuché como se quejaba desde su cuarto, pero luego volvió con un bolso en los brazos.

– ¿Qué es eso?, Aly, yo tengo todo lo necesario. –

– No alegues antes de tiempo, sólo es maquillaje, y no te lo pondré si no quieres. – dijo y dejó el bolso sobre la cama. Luego fue en busca de otra cosa. ¿Qué traería ahora?

– ¿Te ayudo? – le pregunté y me acerqué a ella, viendo como a penas podía transportar el enorme espejo que traía.

– Por favor – dijo ella, y la ayudé a cargar el espejo. Entramos al cuarto y Aly cerró la puerta, puso el espejo frente a ésta y se sentó en la cama con expresión impaciente.

– ¿Y bien, te vas a probar algo o qué? – dijo, viendo que aún yo ni me movía. Reí y fui hacia mi armario.

Comencé con la peor ropa, es decir, la más rara y muy, muy negra. Sólo para molestar un poco a Aly. Pero fueron un par de prendas nada más.

Al final, opté por unos jeans ajustados abajo, como es la moda. Una polera negra suelta y larga, y una chaqueta gris clara. Aly aprobó el conjunto, dijo que me veía sofisticada, pero casual.

– Gracias. – le dije yo.

– Aunque algo oscura. – dijo con una mueca en el rostro.

– Bueno, es mi estilo. Acostúmbrate. – le sonreí.

Así que iba a ir a la fiesta. Todavía no lo creía, y fue por mi propia voluntad. Muy raro… pero en realidad, no era malo. No me haría mal algo divertido, generalmente no voy mucho a fiestas pero no porque sea el primer día y vaya a una, significa que cambie y pase de fiesta en fiesta, bebiendo hasta más no poder, ni mucho menos. No, no cambiaría en nada. Sólo… me haría mejor.

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