martes, 19 de enero de 2010

Sábado

Desperté a las 9 AM, y fui enseguida en dirección a la cocina, a prepararme desayuno. Pensé que no tendría compañía, mis primos ya me habían advertido que ellos dormían hasta tarde, y mis tíos tenían que trabajar media jornada.
Pero al bajar las escaleras, me sorprendió ver a mi tía Jesse sentada en un sillón de la sala. Estaba en bata y con un cigarro en la mano. Algo raro, que yo sepa ella no fuma.

– ¿Tia Jesse? – pregunté mientras caminaba hacia ella.
Estaba de espaldas hacia mí, así que giró su cara hacia la izquierda.
– No deberías estar aquí Meghan. – dijo ella, con una voz ronca, nada normal.
– ¿Estás bien? –
– Todos vamos a morir por tu culpa Meghan. – volvió a decir con voz ronca.
– ¿De qué hablas tía? – le pregunté asustada.
– Debes irte Meghan… ¡Vete!, ¡Vete antes de que todos mueran! - hizo una pausa para ponerse de pie y mirarme de frente. Grité espantada. Su cara estaba pálida, demacrada, y sus ojos estaban blancos, y sus pupilas estaban dilatadas. Me recordó a algo que ya había visto antes. – ¡Vete antes que toda la ciudad muera por tu culpa, Meghan!, ¡Vete! – gritó, y luego se acercó a mi con una mano elevada. Iba a golpearme.

Salté en mi cama. Estaba mojada en transpiración, el cubrecamas estaba en el suelo.
Una pesadilla. Todo fue una pesadilla, intenté calmarme, mientras respiraba hondo.
Me senté en la cama, y sentí un gran ardor en mi mejilla izquierda, la toqué suavemente y me dolió. Me dirigí hacia el espejo para verme mejor.
Tenía una marca roja. ¿Pero cómo?...

– ¡Rayos! – recordé de inmediato la pesadilla, la mano de tía Jesse, supuestamente me había golpeado justo en esa mejilla.
No puede ser, no puede ser…Esto no está pasando… traté de convencerme todo el tiempo, mientras bajaba nuevamente las escaleras, y miraba de inmediato a la sala. Nada. Fui hacia la cocina. También se encontraba vacía. Recorrí todo el primer piso, y no había nadie. Ok, me estaba volviendo algo paranoica, pero tenía mis razones. No es la primera vez que me sucede esto.
Fui hacia la entrada de la casa, y por la ventaba miré hacia fuera, sólo se encontraba el auto de Cody. Al parecer, todo estaba todo en orden, mis tíos se encontraban fuera de casa.

Después de haberme dado una relajante ducha, vestirme y haber ocultado la marca en mi mejilla con maquillaje - no quería que los chicos se dieran cuenta, ni mucho menos podía darles una explicación coherente - bajé a hacerme desayuno. Mientras terminaba de comer, sentí que alguien bajaba las escaleras.

– Buenos días – dijo Aly mientras entraba a la cocina.
– Hola. ¿Cómo amaneciste? – le pregunté a mi prima.
– Bien, ¿y tu como estás? –
– Genial. Siempre son agradables los fines de semana. – sonreí. Aunque había empezado pésimo el día, es verdad, amaba los fines de semana. Son tan relajantes.
– Es verdad. – coincidió ella. Luego se preparó un cuenco de cereales y leche, y me acompañó en la mesa. – Oye, ésta noche hay otra fiesta. - dijo sonriendo.
– Genial. ¿Vas con Cody? –
– Vamos con Cody. – rectificó.
– No lo sé Aly… –
– Vamos, será divertido. - insistió ella - Chad va a estar ahí – alzó sus cejas.
– No seas ridícula. No voy a ir por él. – dije seria.
– Pero… ¿vas? –
– Bueno. ¿Qué tan malo puede ser? –
– ¡Esa es la actitud! – reimos.

Después de terminar el desayuno, Aly sugirió que viéramos una película. Ella seguía en pijama, dijo que luego se ducharía. Me sorprende lo relajada que está, no conocía esa faceta de ella.

Luego de ver la película, la cual fue de comedia - por mi pesadilla, no quise ver una de terror - Aly se fue a duchar, y yo fui a mi dormitorio a tocar un poco de guitarra. Mi escape en los momentos de ocio y tristeza.

Comencé afinando las cuerdas, y luego tocando unos acordes sin sentido. Tratando de recordar alguna buena canción. Pero para mi mala suerte, tengo muy mala memoria.
Al pasar unos minutos, recordé los acordes y el ritmo de “Zombie” de The Cranberries. Uno de mis grupos favoritos.
Así que empecé a tocarla.


Another head hangs lowly, child is slowly taken. And the violence caused such silence, who are we mistaken? But you see, it's not me, it's not my family. In your head, in your head they are fighting, with their tanks and their bombs, and their bombs and their guns.
In your head, in your head, they are crying... In your head, in your head,
Zombie, zombie, zombie.

– No sabía que tocabas guitarra. – Comentó una voz, provocando que me sobresaltara, y dejé de tocar.
– Cody, me asustaste. – era mi primo, apoyado en el umbral de la puerta, con los brazos cruzados.
– Lo siento, supongo que debí tocar, y no espiarte. –
– Tal vez. – sonreí.
– Asi que, ¿desde cuanto eres una artista? – dijo señalando la guitarra.
– No creíste que era un adorno para el cuarto, ¿o si? – reí.
– Oye, la de mi habitación es adorno. – se encogió de hombros y ambos reímos.
– Bueno, hace unos cinco años, me la dieron en navidad. –
– ¿En uno de mis tantos hogares? – preguntó él.
– Ahá. Así que, obviamente no iba a desperdiciar el regalo. – me encogí de hombros.
– Por supuesto. Tocas muy bien eh. – Me felicitó.
– Gracias. Oye, ¿ya comiste algo? –
– No. Me iba a duchar, pero el baño está ocupado… – rodó los ojos.
– Si, Aly lleva un buen rato en la ducha – reí.
– Si. Suele ser así. - nos quedamos en silencio por un rato. - Hey, ¿Aly ya te dijo lo del a fiesta? – preguntó.
– Ah, si. –
– ¿Y… vas con nosotros? –
– Claro. –
– Genial. – sonrió. Y yo hice lo mismo.

El resto de la tarde siguió normal. Cuando llegó tía Jesse, nos pidió, a Aly y a mí, que la acompañáramos al supermercado a hacer unas compras. Ambas aceptamos, y al volver la ayudamos a preparar el almuerzo. Antes de que éste estuviera listo, llegó tío Joe. Así que almorzamos todos juntos. Fue bastante agradable. Los chicos pidieron permiso para salir, al igual que yo. Y claramente mis tíos nos dejaron. Supongo que si íbamos con Cody, podríamos salir donde quisiéramos. Confían mucho en él.

Había llegado la hora de salir. Aly aún se arreglaba, mientras Cody tocaba la bocina de su camioneta, y yo le decía a mi prima que se apurara.
Se tardó unos cuantos minutos, y luego ambas entramos al vehículo con Cody.

– Vamos a estar cinco minutos y ya vamos a tener que irnos Aly. – refunfuñó.
– No exageres, la fiesta comenzó hace media hora, y tú sabes bien que nadie llega puntual. – dijo Aly.

Él seguía algo molesto, pero luego se unió a la conversación que teníamos con mi prima.

– Me alegra no tener que estar cuidándote ahora. Puedo pasar más tiempo con Matt… y tú pasas más tiempo con Chad – dijo Aly.
– Ya deja eso de Chad, Aly. Sabes que no sucede nada. –
– Meg, deja de engañarnos con eso, ¿si? – dijo Cody. Aly y yo lo miramos sorprendido. – ¿Qué?, No soy estúpido. A ti te atrae ese chico prima. Admítelo de una vez. Hasta yo me puedo dar cuenta de ello. – Aly rió.
– No me gusta chicos, en serio. Estoy acostumbrada a cambiarme de lugares, ¿ustedes de verdad creen que me gustan los chicos a la primera semana de haberlos conocido? – les dije seria.
– Está bien, está bien… pero cualquier cosa, confía en mi Meg. Me puedes contar si sucede algo. – dijo Aly.

Dejamos el tema hasta ahí, solo porque habíamos llegado al lugar.
Nos bajamos de la camioneta, y sucedió lo mismo que en la otra fiesta. Todos saludando, mirándonos y acercándose. En realidad, era bastante raro tener unos primos así de populares. Pero debía acostumbrarme.

domingo, 11 de octubre de 2009

Advertencia

Último día de la semana, y vaya que semana. Conocí mucha mas gente en la escuela. También seguí hablando bastante con Chad. Era curioso, pero siempre aparecía cuando estaba conversando con algún otro chico. Pero no le di importancia, debía ser sólo coincidencia. Por ahora, sólo quería que terminara el día. Si bien la escuela era agradable, no dejaba de tener su lado estresante. Con trabajos, tareas, y clases. Aunque aquí no eran tan exigentes como en otras escuelas en las que había estado. Y eso me gustaba.

Era el primer receso, Aly estaba con su novio y yo me escapé nuevamente de sus amigas. Iba caminando algo distraída por el patio trasero de la escuela, sin fijarme por dónde iba, ya que estaba leyendo un texto que nos dieron en Historia, de pronto escuché que alguien gritaba mi nombre, seguí caminando pero me giré hacia atrás, y me golpeé fuertemente contra algo, y luego caí al suelo, dejando caer mis libros y el texto que tenía en las manos.

– Perdón, ¿estás bien? – dijo el chico.

– Sí. Estoy bien. – me tendió la mano y me ayudó a levantarme. Sí, era él nuevamente, el chico misterioso.

– Disculpa, en serio, fue mi culpa. –

– No, yo me di vuelta… también es mi culpa. –

– Supongo que tendremos que acostumbrarnos a chocar. - rió - Toma. – y me entregó el texto que había olvidado en el piso. Me sorprendió un poco su amabilidad, ya que antes me había hecho pensar que era un estúpido sin modales.

– ¡Meg! – gritó alguien. La misma voz que me había hecho girar hace un rato y quien provocó que chocara. Miré hacia el lado y era Chad. Por supuesto, ¿quién más?

– Hola Chad. – le dije sonriendo. Definitivamente ahora me caía mucho mejor. Me sonrió y luego miró al chico que me acompañaba… ehm… diablos, no sé su nombre.

– ¿Qué ocurre? – preguntó.

– Nada, es que choqué con este chico. Gracias a tus gritos – reí. Él sólo siguió mirando al chico con el ceño fruncido. – Por cierto, ¿cómo te llamas? – le pregunté amable.

– Perdona, no me había presentado. Me llamo Jared. ¿Y tú? – estiró su mano hacia mi.

– Meghan – estreché mi mano con la suya.

Chad comenzó a carraspear. Soltamos nuestras manos, y yo lo miré.

– ¿Pasa algo? – le pregunté.

– Quería hablar contigo. – respondió. – A solas…– miró de reojo a Jared.

– Bueno, supongo que mejor me voy. Adiós – dijo él retirándose.

– Y bien, ¿De qué querías hablar? – le pregunté a Chad, cuando el chico se había ido, y ya habían pasado unos segundos, y sólo me miraba con el ceño fruncido, sin articular una palabra.

– Yo… – dudó unos segundos, pero luego prosiguió – Nada en realidad. Sólo quería que ese tipo se fuera. –

– ¿Por qué?, ¿No te agrada? – había notado eso desde la vez pasada que choqué con él, donde también había estado Chad, quién se mostró muy disgustado por su mala educación. Y ahora, ni si quiera se habían saludado.

– Claro que no. – dijo haciendo una mueca extraña. – ¿Acaso a ti si? –

– No lo conozco. – dije y levanté mis hombros.

– Será mejor que ni te acerques a él. Es muy raro. No quiero que nada malo te pase Meg. –

– ¿Por qué lo dices? – pregunté extrañada. A mi no me parecía un tipo raro. No era de lo más amigable, ¿pero raro?, no había llegado a ese punto de prejuicio contra él.

– No lo sé, es como el chico raro de la escuela. No habla con casi nadie, no va a fiestas. Y lo he visto en la biblioteca, siempre pide libros… de verdad extraños. – recordé de inmediato el titulo del libro que estaba viendo el primer día de clases, “Demonio de ojos rojos”. Bueno, sí, eso es algo raro. – Todos dicen que es una clase de brujo o psíquico. – concluyó. De inmediato comencé a reírme. ¿Brujo?, ¿Psíquico?, vaya qué mente tienen los chicos de esta escuela. Al rato, escuché que Chad también se reía.

– Bueno, supongo que los chicos que dicen eso también son algo raros, ¿no? –

– Ya lo creo. – le dije yo, y calmé mi risa.

– Pero en serio, es raro. Sólo… no te juntes con él. Lo digo por tu bien. –

– Está bien. No te preocupes, nunca he hablado con él, además de hoy. –

– Y no estás interesada en él, ¿verdad? –

– Claro que no, ¿por qué crees eso? –

– No lo sé. –

– ¿Acaso estás celoso? – le pregunté de improviso. Sus ojos se abrieron como platos.

– N-no, claro que no. – titubeó. Luego sonrió, me abrazó y me dio un beso en la mejilla. – Nos vemos después. – dijo, y se fue.

lunes, 27 de julio de 2009

Segundo Encuentro

Me levanté con mucho ánimo. Si bien ayer había sido diferente, me gustó. No sé que tenía Denver que me hacía adorar todo, era raro, pero genial.

En el desayuno, nos preguntaron sobre la fiesta, ya saben, típicas preguntas de padres, ya que ambos tíos se comportaban como padres para mí.

Luego, salimos muy animados de casa, y nos dirigimos a la escuela.

– Así que, Chad Becker, ¿eh? – dijo Cody mientras manejaba.

– Y yo que te creí ese cuento que querías estar lejos de él… qué poco intuitiva soy. –

Se quejó Aly.

– ¿De qué hablan? – dije yo, haciéndome la inocente.

– No te hagas la que no sabes nada jovencita, te vimos. – dijo Cody. Empezaba a tomar ese tono de padre protector de nuevo.

– Sólo bailé con él. ¿No me dejes sin mesada, ok? – bromeé. Aly rió, pero él solo sonrío un poco, y se puso serio nuevamente.

– Ve con cuidado, ése chico es un conquistador de primera. Y no quiero llevarme mal con él por tu culpa, ¿entendido? –

– Eso suena como una orden. – alegué.

– Solo hazme caso. –

– Como quieras. Entre él y yo no pasará nada. –

Habían probabilidades, pero muy pocas. Lo que sí sabía es que, por lo pronto no pasaría nada… demasiado importante.

En la escuela todos hablaban de la fiesta, bueno, los que habían asistido, claro. Y dijeron que Chad debía de hacer fiestas más seguido, todos estaban encantados.

– Por lo menos te fijaste en un chico popular, eso está bien. – me decía Aly, estábamos en el baño de chicas, en el primer receso.

– Ya deja de decir eso, si te escuchan creerán que soy una cualquiera que anda con chicos al primer día que los conoce. –

– No. Con Chad siempre es igual, así que no te preocupes, será normal. – dijo, y salió del baño. Yo la seguí algo confundida, ¿qué significaba eso?, ¿Qué Chad era como Cody?, ¿Era un “cazador” de chicas nuevas o algo así?...

A la hora de almuerzo, cogimos nuestras bandejas y nos sentamos en una mesa, con la misma gente que el día anterior, excepto que ahora faltaba Chad.

Comí bastante poco, no sé por qué… pero me sentía algo mareada. Creo que es por que desayuné hoy. Me retiré antes que todos de la mesa, por mi mal estar. Aly entendió, y también me preguntó si necesitaba compañía, pero le dije que no, que estaría bien un par de minutos sola, tomando un poco aire fresco. La cafetería estaba repleta hoy, y eso sólo empeoraba mi estado.

Caminé un poco, y vi el mismo letrero del día anterior. Me quedé inmóvil, pensando en si entrar o no a la biblioteca. Cuando por fin me decidí por entrar, escuché que alguien gritaba mi nombre. Me giré y vi a Chad, agitando el brazo y acercándose.

– Hola Meg – me saludó con un beso en la mejilla.

– ¿Qué tal famoso anfitrión? – le dije y él rió.

– Bastante bien, ¿y tú? –

– También. Menos ocupada que tú supongo. –

– ¿Ocupado? – Me miró sin entender – ¿De qué hablas? –

– No te he visto en toda la mañana. – le dije yo levantando mis hombros. – Ni en el almuerzo. –

– Ah, sí… tenía una reunión con el equipo de fútbol, nos avisaron sobre la nueva temporada. No pude ir a almorzar. ¿Me extrañaste? – preguntó con una ceja enarcada.

Yo sólo reí y él también, aunque seguramente esperaba que le respondiera. Pero no lo hice.

– ¿No tienes hambre?, Todavía queda tiempo – dije y miré mi reloj. Así era, quedaban 20 minutos más.

– No. De todos modos no tenía apetito. – dejó a la vista su gran sonrisa.

– Después no tendrás energía para jugar tus partidos si no te alimentas bien. – le reprendí.

– Dices eso porque no me has visto jugar… Siempre doy un excelente rendimiento. –

– No conocía tu lado egocéntrico. – reí. Claro, como un chico más de esta escuela, algo debía tener… era demasiado normal para ser real.

– No soy egocéntrico. Solo confío en mi talento. ¿Es eso malo? –

– Supongo que no. Si eso te hace ganar los juegos… bien por ti. –

Y así, seguimos hablando con Chad, caminando por los pasillos, cuando doblamos hacia otra dirección, y choqué con alguien.

– Oh, lo siento. – dije yo, mientras me agachaba para ayudarle a recoger los libros que botó por mi culpa. Ni si quiera vi contra quien había chocado. Pero si vi otro par de mano que se nos sumaba, era Chad ayudando.

– Deberías ver mejor por dónde caminas niña. – dijo una voz ronca, levanté mi cara y lo ví. El chico misterioso. No sé como no lo vi antes, qué torpe. ¿Cómo pude tropezar con él?

Tampoco sé porqué no me molesté con su frialdad, y en vez de decirle alguna pesadez, le sonreí tímida. Desde la primera vez que lo vi, pensé que sería así, frío, duro, misterioso. Así que, supongo que no me sorprendí mucho.

– Hey, sé más caballero. Tú tampoco viste por donde ibas. – Dijo algo molesto Chad. El chico sólo lo miró y frunció el ceño, como diciendo “¿Y tú que te metes?”, pero no articuló palabra alguna, levantó sus libros con rudeza y se fue caminando apresurado.

– Ése chico es muy raro. – dijo Chad. No supe cómo estaba pero imaginé que tendría una expresión algo enojada, no podía mirarlo, el chico misterioso ocupaba mi mente ahora. Él, y su silueta alejándose cada vez más. – Meg, ¿qué te sucede? –

– ¿Ah? – le pregunté nuevamente a Chad, ahora giré para mirarlo.

– Estabas como en trance… – me dijo él, y luego sus labios se curvaron en una sonrisa.

– Ah, lo siento… me suele pasar. – me disculpé, y le sonreí.

Seguimos caminando como si nada, hablando sobre nosotros… es decir, cada uno hablaba de sí mismo, no del sentido romántico de la palabra, porque obviamente no hay un “nosotros”. Me contó que hacía música.

Y yo, le conté que tipo de música escucho, algunas pocas cosas del pasado, todos los lugares en los que he estado.

– ¿Y sobre chicos? – preguntó de improviso, bueno, más o menos… de todas formas, era algo que veía venir.

– Ha habido un par… pero no son importantes. Ya sabes, de esas relaciones algo pasajeras… – le dije sin darle mayor importancia.

– ¿Cómo relaciones algo pasajeras? – preguntó con interés.

– Bueno, como me llevaban de un lado a otro, no duraba mucho estando de novia… pero tampoco me afectó tanto, es decir, nunca he amado realmente, así que supongo que no los extrañaba lo suficiente… ¿entiendes? –

– Sí. Vaya, que mal… parece como si no hubieras estado lo suficiente con esos chicos como para enamorarte, ¿tan poco estabas en el mismo lugar? –

– No tanto, es decir… el tiempo varía. Las veces que conocí a chicos algo importantes… no era el primer día de clases, era… más o menos el segundo mes en la escuela, ¿entiendes?, no me gusta ir rápido… soy una chica difícil… – el rió – y, cuando ya estaba de novia, durábamos un par de meses más, a lo máximo cuatro… lo cuál no es lo suficiente para que me enamorase.

– Oh, claro. –

– ¿Y tú? –

– No creo que quieras saber mi historial amoroso… – rió, pero noté algo nostalgia en su tono.

– ¿Por qué?, Si quiero saber. –

– Te reirás. – dijo él.

– No lo haré, ¿qué clase de persona crees que soy? – fruncí mi entrecejo. Él solo sonrió, y tomó una gran bocanada de aire.

– Pues… dicen que soy muy enamoradizo, quizás ese es el problema. Las chicas se aburren rápido de mí. Y siempre termino con el corazón destrozado. – dijo mirando hacia el suelo.

– ¿Y de eso me tenía que reír? – lo miré enfadada. – No soy una persona sin sentimientos, Chad. –

– ¿No lo encuentras cursi? –

– Algo. – contesté sinceramente. – Pero eso no significa que sea malo. –

– Yo creo que sí lo es… siento que le doy mucha importancia a las cosas que no debería. Y voy muy rápido. –

– Pues… cambia. –

– Es muy fácil decirlo. Pero hacerlo, no. –

– ¿Tienes una mejor solución? – me detuve y quedamos frente a frente. Mirándonos fijamente a los ojos.

– Por supuesto que la tengo. – dijo muy serio.

– ¿Y cuál es? – Enarqué una ceja. Y él se acercó un poco más a mí.

– Encontrar a la chica adecuada. – siguió serio y mirándome fijo a los ojos. Me sentí algo incomoda, así que me giré y seguí caminando.

– Suerte con eso. – le dije, mientras me alejaba.

viernes, 24 de julio de 2009

Fiesta

Ya era hora, así que salimos de casa despidiéndonos de tía Jesse y tío Joseph. Por supuesto, Cody nos llevaba en su auto, como de costumbre. Debía acostumbrarme a ello.

– Recuerden chicas, si algún estúpido se quiere propasar… – decía con voz autoritaria Cody, mientras manejaba rumbo a casa de Chad, pero Aly lo interrumpió.
– Hay que avisarte. Sí. – dijo aburrida.
– Sé que tú lo sabes, pero Meg no. Y no está de más recordarlo. –
– Aly… – la miré con cara de horror.
– Tranquila, no te harán nada. Es sólo que en estas ocasiones Cody se pone muy protector. Pero los chicos de acá no son estúpidos… bueno, a menos que los dejes. A mí nunca me ha pasado nada. Tranquila. – parecía decirlo enserio, así que le creí y me tranquilicé un poco.
– Si, pero de todos modos tú tienes a Matt, Meg no. Así que primita… ya lo sabes. – me guiñó un ojo.
– Ok. Gracias. – le respondí.
Cody siendo protector, serio, fuerte. Vaya, eso sí era sorprendente. Éste día los chicos me han sorprendido bastante, me han asombrado, pero de buena forma.

A los minutos, llegamos a la fiesta. Afuera habían algunos chicos, saludamos - bueno, en realidad Cody y Aly saludaron - con la mano a uno que otro. Luego tocamos el timbre. Nos abrió Chad, con una sonrisa enorme.

– Meg, viniste. – dijo él, y me quedó mirando. Cody carraspeó. – Es decir, vinieron ustedes tres, genial… eh, pasen. – dijo algo nervioso.

Cuando cruzamos la puerta, Aly se acercó a mí y me dijo al oído “Te lo dije”. No le hice mucho caso. Dentro había mucha gente, la casa de Chad era muy linda y grande. Me sentí como hoy en la mañana, todos observándome por quiénes me acompañaban. Pero esta vez, fue mejor. Porque yo ya no pensaba en ellos sólo como en los chicos populares y superficiales. Ahora los veía como mi familia, mis primos, que por lo que me empiezo a dar cuenta, son mucho más que apariencia. Y eso me enorgulleció.

– Con permiso chicas – dijo Cody, y desapareció de inmediato.
– ¿Adónde fue? – pregunté yo.
– Seguramente a cazar a alguna pobre muchacha. – dijo Aly. – Y bien… ¿Te presento a alguien más, o planeas quedarte toda la noche con Chad? – dijo Aly en mi oído de nuevo, riendo.
– Eh… – lo pensé un segundo, pero me interrumpieron.
– Meg, Aly, ¿quieren algo para tomar? – dijo Chad.
– Sí, por favor. – dijo Aly.
– Yo no quiero, gracias. –
– ¿Segura? – me preguntó, no muy convencido.
– Sí, gracias Chad. – respondí. Y Chad salió en busca de la bebida para Aly.
– Rayos, ahora vamos a tener que esperar que vuelva. – dijo mi prima. – Creo que te tendrás que quedar toda la noche con él, si ni nos deja movernos –.
– No podrías ser tan mala prima. – le dije con rostro furioso. Aly rió de mi expresión.
– Ok, tranquila. No te quedarás sola con él… mucho tiempo. – dijo sinceramente, y luego comenzó a mirar por los alrededores. – ¡Hey, Sandra! – y hizo un movimiento de mano.

Un par de minutos después, estábamos conversando con un grupo, tres chicas y dos chicos, amigos de Aly.
Eran bastante simpáticos en realidad, y me llevé bien con ellos, en especial con los chicos y una chica. Las otras dos eran algo estúpidas y chillonas, siendo sincera.
Pronto llegó Chad, y cuando llegó a mi lado, puso su mano en mi cintura, y se inclinó hacia delante para pasarle el vaso a Aly.
Esperé que se fuera, pero no lo hizo. Se quedó allí y se integró de inmediato en la conversación. Y siguió con su mano en mi cintura. No me molestaba, pero me parecía inapropiado, fuera de lugar, ¿quién se cree?, recién lo conozco.
Le llamé la atención, lo más poco notorio posible, sólo para que él se diera cuenta, y su sonrisa desapareció, quitó su mano de mi cintura y la metió al bolsillo de su pantalón.
Me sentí un poco mal, pero, luego se me pasó. Es decir, en serio, no lo conozco, no se puede comportar así conmigo ni yo lo puedo dejar pasar.

A medida que pasaba la noche, conversábamos con más gente. Más que fiesta parecía una… junta, normal. La mayoría conversaba, pocos estaban bailando. Me quedé con un grupo de mi mismo salón, y Chad, mientras Aly se iba. Es decir, con Matt. Era su novio, tenía claro que en algún momento dejaría de compartir tanto por mí, y se iría un rato con él, solos los dos. Es comprensible. Pero en ese instante el grupo se distanció un poco, es decir, unos chicos se fueron al lugar donde había comida, y unos se quedaron conversando, y luego comenzaron a bailar. Quedamos en número par, así que una chica gritó “Bailemos en parejas”. Y adivinen, por supuesto yo quedé con Chad. Ge-nial.

– ¿Hasta ahora, valió la pena venir? – me preguntó Chad de pronto.
– Sí, claro. Ha estado divertido. – medio mentí. Justo ahora, no era de lo mejor. Pero en general, ha estado bien. No es que tenga nada contra Chad, de hecho me parece lindo, y simpático, aunque un poco… hostigoso.
– Sí, ha sido más de lo que he esperado – dijo él, mirándome fijamente, y yo sólo le sonreí tímidamente. – Oye… no quiero ser intrometido pero, ¿no tienes novio verdad? – vaya, este chico no podía ser más evidente.
– No, ¿Por qué preguntas? – no sé porqué lo dije, quizás para parecer normal, cómo si hubiera notado su interés en mi.
– Sólo curiosidad. – dijo tratando de parecer casual. Pero no creo que sirviera de mucho, hoy había sido algo insistente conmigo.
– ¿Y tú? – le dije luego de un rato. Estaba pensando en si debía o no preguntarle, pero al fin me decidí, total, no tenía por que parecer interesada, yo también podía ser curiosa.
– ¿Ah? – me preguntó sin entender.
– Que si tienes novia –
– Ah… – me miró fijamente y sonrió – no. – Asentí con la cabeza, no demostrando interés.
– Y… ¿te has interesado por algún chico de la escuela? – preguntó.
– Oh sí, muchos. No sé cuál elegir, son todos tan guapos. – dije muy seria, para que me creyera, y abrió sus ojos como platos y se quedó inmóvil. – Es broma, no soy así, tan superficial. – reí, y el hizo lo mismo, y volvió a moverse al ritmo de la música. – No me interesa nadie. Es imposible, es tan sólo el primer día. – le dije luego.
– Me asustaste. – dijo él. – Aunque… te equivocas, te puede interesar alguien. Y si después lo conoces, ves si realmente te gusta o no. –
– Sí. Pero bueno, ¿qué voy a hacer? Simplemente no me interesa nadie aún. Ni tampoco estoy ansiosa porque me interese alguien. –
– Pero podrías cambiar de opinión – dijo acercándose más a mi.
– Eh… no lo sé. – ya me ponía algo nerviosa con él tan cerca, OK, lo acepto, es guapo y simpático… y ya no me molestaba tanto su entrometimiento. Pero, aún es muy rápido, y definitivamente no me gustaba. No aún.
Cuando pensé que sería el momento de pegarle una cachetada o empujarlo fuertemente, el mismo se alejó riendo, tomando de mis brazos y poniéndolos sobre sus hombros, y luego tomó mi cintura.
– ¿Te asusto? – preguntó con una ceja encarnada.
– No. – dije susurrando. Sentía que estaba roja como un tomate, pero seguí comportándome como si nada pasara.
– ¿Y te molesto? – preguntó nuevamente. Dios, ¿qué pretende?, ¿Que me derrita por él?... No, eso no puede pasar. Qué estás pensando Meghan, tú no eres así. Recién lo conoces.
– No. – le sonreí, y entonces empezó a acercarse de nuevo, pero en ese momento bajé mis brazos y comencé a bailar a una distancia prudente de él. Me miró algo extrañado y yo sólo reí, y luego negué con la cabeza. Me acerqué a su oído y le susurré – No ahora.–
Él me miró con rostro algo dudoso, pero siguió como si nada.

La verdad es que no fue una noche tan mala, en realidad, fue agradable. Conocí a gente amable y me acerqué más a Chad -aunque no de la forma que él quería, obviamente-. En un momento fuimos afuera, al patio trasero y me contó sobre él, y yo le dije que otro día le contaría sobre mi. Todavía no tenía ganas de contarle lo que me había sucedido, odiaba que la gente sintiera pena por mí. Además no suelo contarle mi vida entera y problemas a gente que recién vengo conociendo, claro que no. La confianza se gana con el tiempo, aunque este chico… no sé si fue para conseguir algo conmigo, o realmente confiaba tan ciegamente en los desconocidos.

Primas

Siguieron bromeando en el camino. Pero yo seguía considerando la posibilidad de fingir algún malestar, o contar con el apoyo de tía Jesse, y así no ir.

No es que no quiera conocer gente, pero realmente no soy una chica de fiestas y esas cosas. Y no quiero cambiar por estar acá, siento que así lo estoy haciendo… y creo que todos creen que soy como mi prima, pero no lo soy. Y eso lo tengo que demostrar. ¿Cómo?, ni idea, pero lo haré.

Llegamos a casa y luego de saludar a Tía Jesse y Tío Joseph, Aly me dijo que quería mi ayuda, así que la acompañe a su cuarto.

– No veo en qué te pueda ayudar Aly. – reclamé yo.

– Vamos Meg, necesito opiniones. –

– Pero, ¿con ropa?, no soy buena en eso. Lo siento prima. –

– Bueno, quédate un rato y opinas de todas formas, ¿ok? – rogó ella. Le hice caso sólo por ser educada.

Se probó un montón de prendas, y muchos conjuntos coloridos. La verdad, no vi una sola prenda color negro. Lo más oscuro era café o morado. Aly es tan diferente a mí, en muchos sentidos.

Finalmente, encontró una tenida que parecía aprobar, unos pantalones ajustados y una polera con finos tirantes y varios colores. Le quedaba hermosa, como todo. Mi prima era muy bella, y en verdad todo le sentaba bien.

– Bien, estoy lista, es tú turno. – dijo de pronto. ¿Yo?, ¿Pretende que me pruebe su ropa?, ¿Todo eso colorido y ajustado?, Era tan… no yo.

– Aly yo tengo mi propia ropa, gracias. Y no sé todavía si iré. – le dije con pocas ganas, me incorporé y me dirigía hacia la puerta, pero ella tomó mi brazo y me detuvo antes de salir de su habitación.

– Meghan Corner, por favor, no seas aburrida. Tienes que ir, por favor. – No me gustaba como sonaba cuando decía mi nombre completo, ni menos cuando me miraba con esa cara.

– Aly… – hice una mueca, pero ella sólo levantó sus cejas e hizo un puchero. – Eso no funciona conmigo. – le advertí.

– ¡Vamos! – me soltó del brazo y cruzó los suyos. – No puede ser tan malo ir a una fiesta, ni probarte unas cuantas prendas, Meg, eres muy cuadrada, ¿lo sabías? –

– Deberías tener un poco de consideración Alyson, lo siento pero no soy como tú. Ni lo seré. Y sabes perfectamente, o deberías saberlo, que para todo lo que he vivido no soy nada cuadrada. Con permiso. – le dije algo enfadada y salí de su habitación.

Realmente nadie sabía la cruda verdad, sólo yo. Pero los hechos toda la familia lo sabía. La pobre niña que perdió a sus padres e iba de casa en casa. Aunque si puedo decir algo a mi favor, yo no hacía nada para irme de un lugar a otro, simplemente… supongo que se cansaban de mí.

Entré a mi cuarto y cerré la puerta con llave. Saqué mi Ipod del cajón de mi velador, y me puse los audífonos. La música sonaba a todo volumen en mis oídos. Me tumbé boca abajo en la cama y me traté de relajar.

Era genial estar en Denver, pensé que estaba saliendo todo bien para ser recién el comienzo. Recuerdo otros primeros días en la escuela. Más de uno fue horrible, y es casi siempre estuve sola, los tíos con los cuáles viví, no tenían hijos jóvenes, o tenían unos muy pequeños, como tía Sophie, que tenía una hija de 6 años, Maggie. O tío Stephen, quién tenía bastante edad, tenía una hija de 24 años, Samantha. Y así… nunca tuve a alguien que me acompañara en la escuela.

Y acá están Aly y Cody. Que si bien, no son mis mejores amigos, ni los conozco lo suficiente para que lo sean, por ahora está bien. Supongo…

Eso creía antes de que Aly se comportara tan frontal. ¿Qué se cree?, ¿Que soy una muñequita que ella podrá vestir y enseñarle moda y hacerla como ella?, no, lo siento, no estoy para eso.

– ¡Meg! – oí a Aly gritar fuera de la puerta. Los audífonos no estaban cumpliendo su trabajo, podía escucharla perfectamente. – Meg, por favor discúlpame, no fue mi intensión, fui muy desconsiderada. – ¿acaso se disculpó?, bueno, supongo que no puedo esperar menos. Ni más. – Meg, hablemos… por favor, ábreme. – como no tuvo respuesta, comenzó a golpear la puerta insistentemente y a gritar mi nombre.

Me paré resignada, sabiendo que no me dejaría en paz, y luego llamaría a uno de sus padres para que la ayudara. Lo cual yo no quería.

– Disculpada – dije abriendo la puerta unos centímetros para poder mirarla. Iba a cerrar la puerta nuevamente pero ella la detuvo.

– Espera, ¿puedo pasar?, hablemos Meg, ¿si? –

– Ok. – abrí la puerta completamente y me fui a sentar sobre mi cama. Aly entró y me imitó, tomando lugar junto a mí.

– Escucha Meg, en serio lo siento. No debí decirte eso, soy una desubicada. De verdad, perdón. Y… está bien, si no quieres ir a la fiesta está bien. No vayas, no es la idea que acá te vengamos a poner condiciones ni exigencias, sólo… haz lo que quieras. – No sé bien por qué, pero me pareció una disculpa sincera.

– Bueno. Estás disculpada, ya lo dije – le sonreí, aunque no de muy buena gana.

– Sé que somos muy diferentes prima, pero no por eso no podríamos ser amigas, ¿no? – me dijo ella de pronto, y me sorprendió aquello. No pensé que en realidad quisiera ser mi amiga.

– ¿Ser tu amiga sería dejar que me vistieras así como tú y que me maquillaras? – puse cara de horror, y Aly rió.

– Claro que no tonta. Significa que podamos hablar de todo, que confiaras en mí y tú en ti, que saliéramos juntas, no lo sé… compartir… bueno, lo que quieras. – Rió – ya encontraremos algo que tengamos en común. – dijo con una dulce sonrisa.

– Si, tienes razón. Y… yo también estoy de acuerdo, pero es que… somos tan diferentes Aly. – enfaticé la palabra “tan”. Nos parecemos físicamente, pero de personalidad, gustos y costumbres, no mucho.

– Bueno, la diversidad es buena. Y somos familia. La familia te acepta y se quiere tal como eres. – Reí ante esa cursi frase, pero cierta. Luego abrí mis brazos y Aly esbozó una gran sonrisa y nos dimos un fuerte abrazo.

Creo que recién ahora estaba conociendo a la real Aly. La parte inteligente y sensible que llevaba dentro. Como dicen, las apariencias engañan.

Quizás después de todas las diferencias, sí podremos ser buenas amigas. O como mínimo, buenas primas.

– Bien. ¿Me ayudas a escoger un atuendo para la noche? – le dije a Aly. Quien saltó y corrió a su habitación.

– Creo que no me expliqué bien Aly, me refería a mi ropa. – le grité. Escuché como se quejaba desde su cuarto, pero luego volvió con un bolso en los brazos.

– ¿Qué es eso?, Aly, yo tengo todo lo necesario. –

– No alegues antes de tiempo, sólo es maquillaje, y no te lo pondré si no quieres. – dijo y dejó el bolso sobre la cama. Luego fue en busca de otra cosa. ¿Qué traería ahora?

– ¿Te ayudo? – le pregunté y me acerqué a ella, viendo como a penas podía transportar el enorme espejo que traía.

– Por favor – dijo ella, y la ayudé a cargar el espejo. Entramos al cuarto y Aly cerró la puerta, puso el espejo frente a ésta y se sentó en la cama con expresión impaciente.

– ¿Y bien, te vas a probar algo o qué? – dijo, viendo que aún yo ni me movía. Reí y fui hacia mi armario.

Comencé con la peor ropa, es decir, la más rara y muy, muy negra. Sólo para molestar un poco a Aly. Pero fueron un par de prendas nada más.

Al final, opté por unos jeans ajustados abajo, como es la moda. Una polera negra suelta y larga, y una chaqueta gris clara. Aly aprobó el conjunto, dijo que me veía sofisticada, pero casual.

– Gracias. – le dije yo.

– Aunque algo oscura. – dijo con una mueca en el rostro.

– Bueno, es mi estilo. Acostúmbrate. – le sonreí.

Así que iba a ir a la fiesta. Todavía no lo creía, y fue por mi propia voluntad. Muy raro… pero en realidad, no era malo. No me haría mal algo divertido, generalmente no voy mucho a fiestas pero no porque sea el primer día y vaya a una, significa que cambie y pase de fiesta en fiesta, bebiendo hasta más no poder, ni mucho menos. No, no cambiaría en nada. Sólo… me haría mejor.

jueves, 23 de julio de 2009

Biblioteca

El resto de la mañana pasó más o menos igual, Cody me presentó a algunos de sus amigos, que también eran unos babosos, pero por ser educada con mi primo - aunque él no lo había sido mucho conmigo - los saludé de todas formas.
Tenía todas las clases con Aly, pero cuando se juntaba con su novio en los recesos, aprovechaba para escaparme de sus amiguitas. Que a decir verdad, no me agradaban mucho, había un par que eran soportables… pero las demás, no las paso. Todo el tiempo hablando de chicos o de esmaltes, ropa, moda, y cosas estúpidas. No, realmente nada que ver conmigo, no sé como Aly las soporta… porque ella no es tan así.

Mientras me iba escapando de las chicas, no me fijé bien por dónde iba, sólo caminaba rápido por los pasillos, hasta que encontré una gran puerta con un letrero que decía ‘Biblioteca’. Pensé de inmediato que sería un buen lugar, claramente unas chicas tan superficiales no estarían acá, ni vendrían tampoco. Así que entré y vi que había muy pocos estudiantes. Pensé que no seria una mala idea echar un vistazo a ver qué tenían aquí. Pasé por todas las secciones, buscando mi objetivo: Ciencia ficción.
Al llegar, divisé a un chico de espaldas, que buscaba algo en un libro, daba vuelta las páginas rápidamente, me acerqué de a poco, curiosa… y fingí buscar unos libros, en el estante que estaba junto a él. Ni se inmutó de mi presencia, ya que siguió concentrado en el libro que sostenían sus manos y no volteó ni se giró si quiera a verme.
Algo claramente bueno, pero raro en este día.
Seguí mirándole de reojo, mientras buscaba un libro interesante. Libros de espiritismo, hechizos, magia negra… no. Ninguno de esos me llamaba la atención.
Saqué uno de título ‘Demonios de reencarnación’. Pero como siempre, tan despistada, mis manos dejaron caer el libro al suelo.
El chico se dio vuelta, y pude verle el rostro.
Cansado, sería una buena definición. Tenía ojeras bajo sus ojos, el ceño fruncido y la cara algo demacrada. Parecía que no había dormido en días.
Me quedé mirándolo un segundo, mientras él cerraba rápido el libro que tenía en las manos y se giraba para guardarlo en el estante nuevamente. Recogí el libro y también lo dejé allí. Cuando miré hacia el lado, el chico ya no estaba. Miré hacia todos lados pero no lo vi. Suspiré, luego miré hacia el estante, buscando el libro que el chico había tomado. Lo saqué y vi el título, ‘Espíritus de ojos rojos’. ¿Qué buscaba en un libro así?, ¿O será que sólo le gusta leer cosas ridículas?... Parecía realmente concentrado buscando algo.
El timbre, que indicaba el fin del receso, interrumpió mis pensamientos.
Salí de la biblioteca y me dirigí al salón. Entré rápidamente mezclándome entre los estudiantes.
Aly ya estaba en su asiento, pero estaba hablando con la chica que se sienta atrás de ella. Una de sus amigas.
Cuando me senté en el puesto junto a ella, me miró con rostro intrigado. Seguro sus amigas le habían dicho que no me encontraron en el receso, y quizás dónde estaba. Y por supuesto Aly me preguntaría. Pero después de Historia y Física. Al termino de clases, y luego está la hora de almuerzo, donde todos los estudiantes almorzamos en el casino de la escuela.
Las clases pasaron rápido, ya que no eran clases normales, es decir, era el primer día. Con suerte cada uno traía un cuaderno, y esa mañana no contaba el horario, empezábamos mañana.
Lo único que hacíamos era, presentarse los nuevos -por suerte yo no era la única en el salón- y los profesores también se presentaban, charlábamos un poco todos como curso y luego no hacíamos nada, o sea, en realidad sí, charlábamos en grupos. Pero de cosas sin importancia.
Sonó el timbre para el receso, y salí con Aly del salón, pero justo cuando iba a decirme algo, apareció Matt frente a nosotras, acompañado de otro chico.

– Chicas, adivinen quién pondrá su casa para la fiesta de inicio de clases – dijo él sonriendo.
– ¡Chad, eso es genial! – dijo Aly de inmediato, y se puso al lado de su novio. – Hey, ¿no te molesta que lleve a Meg, verdad? –
– Claro que no. – dijo el chico mirándome con una sonrisa. A decir verdad, era bastante lindo. Pero eso no es suficiente para mí, no me fijo sólo en la apariencia.
– Gracias. Pero de todos modos no creo que vaya. – le dije educadamente con una sonrisa.
– ¿Por qué no? Vamos, tienes que ir. Será una fiesta fabulosa. – dijo él. ¿Era mi idea o tenía algún interés por que yo fuera?... No, seguro era por quedar bien con Aly y su amigo.
– No te preocupes Chad, si irá. – dijo Aly.
– No, no lo haré. No conozco a casi nadie además. – dije yo y comencé a caminar. Pensé que estaría caminando sola bastante rato, pero el chico, Chad, estaba a mi lado de inmediato, y Aly con Matt caminaban detrás de nosotros.
– Meg, para eso son las fiestas… conocerás a todos mucho mejor ahí. Ya verás, será divertido. – dijo mi prima. Está bien, ¿Qué sentido tenía pelear con ella?, si de todas formas me obligaría a ir con ella. Y Cody… Cody sería peor. Diablos, iría si o sí.
– Así que… te veo esta noche en mi casa Meg. – dijo Chad sonriéndome. – ¿Te puedo decir Meg verdad? – preguntó algo tímido.
– Sí, no hay problema. –
– Y… ¿te gusta leer Meg? – preguntó nuevamente. Pensé que se iría, que irritante.
– Eh… – fruncí el ceño y lo miré. – Sí. Algo… ¿por qué preguntas? –
– Oh… es que te vi en la biblioteca hoy. – Un chico intelectual… Mmm…
– ¿Tú lees? – le pregunté interesada.
– Bueno, no mucho, pero sí… a veces cuando tengo tiempo libre, leo. Aunque acá estaba buscando un libro para la escuela, no hay mucha variedad que digamos. – rió.
– Tienes razón. Yo no encontré nada interesante. –
– Deberías ir a la biblioteca de la ciudad. Es mucho mejor que esta porquería de la escuela. – rió y yo hice lo mismo. Me parecía más agradable ahora. Retiro lo de irritante.
– Bueno… trataré de averiguar dónde queda, y quizás vaya a dar una vuelta luego. –
– Si quieres yo podría acompañarte un día. – Me miró sonriente. – Es decir… si tú quieres, claro. Para que no te pierdas en la ciudad… o algo. – dijo luego.
Claro que no me perdería, no iría sola… lo más probable es que hubiera ido con tía Jesse, pero, ¿por qué no ir con él?, parece agradable... Y no tiene por qué ser luego…
– Qué amable Chad. Lo… pensaré, ¿si? – le dije sonriendo, tratando de sonar lo menos descortés posible.
– Claro. – dijo con un tono todavía alegre. Parecía optimista.

Seguimos caminando hasta llegar a la cafetería. Chad se sentó con nosotras en la misma mesa, también estaba Matt, y otros chicos y chicas que no conocía.

Almorzamos y luego volvimos a clases, las cuales pasaron bastante rápido, y luego esperamos a Cody en el aparcamiento, junto a su auto.

– Así que, ¿Qué tal Chad? – dijo Aly enarcando una ceja.
– Parece amable. –
– Creo que le gustas. –
– Imposible, recién me habló. –
– Bueno, entonces le atraes… mucho. –
– No seas ridícula Aly. – le dije algo molesta. Quizás sea verdad, quizás no. Da igual.

Unos minutos después llegó Cody, y nos marchamos a casa.
Hablamos de nuestro día, Cody dijo que no le había ido muy bien con las chicas nuevas, pero con el tiempo se rendirían a su encanto, yo sólo me reí de él.
Y Aly le contó lo de la fiesta, claro que él también ya lo sabía. Lo que no dijo fue lo de Chad, y me sorprendió, pero la miré con una mirada de agradecimiento y ella sonrió.

– Supongo que no tengo alternativa. Estoy obligada a ir a la fiesta, ¿no? – pregunté, mientras los chicos hablaban del tema.
– Claro que no. Pero serías muy estúpida si no vas. – dijo Cody.
– Meg, tienes que ir. – agregó Aly.
– ¿De qué me sirve? –
– No lo sé, ¿divertirte?, ¿conocer más gente? – dijo mi prima.
– Y más números de teléfono. – agregó Cody riendo.

miércoles, 22 de julio de 2009

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Llegamos en 10 minutos aproximadamente, y me impresionó que la escuela fuera tan…

– ¿Pequeña? – Cody leyó mi mente. – Sí, de afuera se ve así, pero te acostumbras… hay muchos estudiantes.

– ¿No están apretados como sardinas allí adentro? – pregunté.

– No. Sólo estás viendo la parte delantera… la mayoría salimos al patio trasero en los recesos.

– Oh. Claro. Debí suponerlo. –

Entramos los tres juntos por la puerta principal. Y me sentí como un bicho raro. Todos voltearon a ver, como si estuvieran esperando verme allí. Y luego recordé, que estaba con mis primos, los chicos más populares. Claro, seguro los miraban a ellos. Pero si no hacían, también tenían que verme… supongo.

Bueno, de algo estaba segura, si seguía con ellos, que era lo más probable -ya que era compañera de salón de Aly, y pasaríamos bastante juntas- no pasaría desapercibida.

Llegó mucha gente caminando hacia nosotros. Todos comenzaron a saludarse, y mis primos me presentaban, quedé mareada de tanta gente que saludé, tantos nombres… pero recordé a Mat, el novio de Aly. Y también recordé unos cuantos rostros más, pero los nombres seguían confundiéndome.

Luego, nos separamos de Cody, y con Aly fuimos a nuestro salón. Varias chicas iban con nosotras, recordé el nombre de una, que no paraba de parlotear, Marissa.

En el salón, también saludé a varia gente, por no decir a toda la gente que estaba allí. Aly me llevaba puesto por puesto saludando, y aunque ella a veces me decía ‘No saludes a ése’, o ‘No, es muy nerd’, los saludé a todos, claro, no iba a juzgarlos a ellos, no si no lo hice antes con las amigas de Aly, seguro me caería mejor un nerd que una de sus chillonas amiguitas.

Luego comenzó la clase, y el profesor hizo presentarme frente a la clase. Fue bastante sencillo aunque algo incómodo. Cuando terminé de hablar, el profesor les dijo a los alumnos que si querían me hicieran preguntas, y hubo unos cuantos chicos que hicieron, pero fueron cosas estúpidas, como “¿Tienes novio?”, o “¿Me darías tu celular?”. Y todos se reían de ellos, menos yo. Odio a los chicos estúpidos y babosos. Pero hice caso omiso a las interrupciones y en medio de todas las risas y gritos, fui a tomar asiento.

– Hey Meg – susurró Aly, quién estaba en un puesto al lado del mío. Había echado a la chica que lo estaba ocupando anteriormente. Dijo que debíamos quedar juntas, y como si fuera la reina, que mandara aquí, la chica tomó sus cosas, sin decir una palabra y se fue al final de la fila, a sentarse en otro lugar.

– ¿Qué? – le pregunté, mirándola de reojo.

– Toma esto – y alargó su mano, estaba cerrada en un puño, yo la miré extrañada y ella sólo insistió. Puse mi mano debajo de la de ella, y el puño se abrió. Dejando caer unos 10 papeles en mi mano. Eran números de teléfono.

– Estás bromeando… – susurré. Aly rió por lo bajo. Hice una bola con todos los papeles y la dejé de lado.

El resto de la mañana pasó más o menos igual, cuando caminaba por los pasillos de la escuela junto con Aly, todos nos miraban, y ella nombraba a cada persona. Y me hacía un pequeño comentario de los más interesantes, por no decir, sólo los chicos lindos.

En el segundo receso, vimos a Cody, quién estaba hablando con una chica que guardaba sus cosas en el casillero torpemente, ya que lo hacía sin mirarlo, estaba muy ocupada mirando a Cody.

– Disculpa – dijo él, y caminó hacia nosotras. La chica se giró, para mirar dónde se dirigía Cody, y me miró furiosa. Supongo que no lo hizo con Aly porque sabía que era su hermana. Pero, ¿acaso no sabia que yo era su prima?

– ¿Qué tal la mañana chicas? – dijo mientras se ponía en medio de las dos y pasaba sus brazos por la cintura de cada una. No estaba acostumbrada a que me trataran así, pero era mi primo… así que da igual.

– Genial, ¿no Meg? – dijo Aly, con tono conforme.

– Claro. Aunque hay muchos chicos estúpidos aquí… – dije yo algo molesta.

– ¿Qué sucedió? – preguntó Cody casi riendo, seguro no lo sabía…

– Le fue muy bien, no sé de qué te quejas Meg… tienes más de 10 números de teléfono de chicos lindos, ¿qué mas quieres? – preguntó Aly.

– Eh… ¿que se comporten normalmente quizás? – Dije haciendo una mueca, y agregué – recién es mi primer día, ni me han hablado y me dan sus números, ¿por qué? –

– Porque eres nuestra prima y… no lo sé. Deben estar ciegos si te encuentran atractiva – dijo Cody, y luego me dio un coscorrón en la cabeza, dejándome totalmente despeinada. – Basta Cody. – dijo Aly. – Si no está presentable dejarán de darle números de teléfono – rió, y Cody hizo lo mismo.

– Eso sería genial. – dije yo, peinándome nuevamente con las manos, como pude.

– Vamos Meg, ¿acaso te gustaría pasar desapercibida, y andar por los rincones de la escuela, sola? Admite que no es tan malo tener algo de atención. –

– Odio ser el centro de atención. Sólo me gustaría que los chicos fueran normales. Pero supongo que no serán así con el tiempo… es solo el primer día, ¿no? –

– Claro. – dijo Aly.

– Seguro. – agregó Cody. Ambos sonaron irónicos, lo noté.